Rafael Puente nació el 5 de febrero de 1950 en la Ciudad de México y es el primer portero de una dinastía de arqueros azulgranas que en distintos momentos históricos del equipo han marcando una época defendiendo la meta del Atlante. Era un líder dentro de la cancha, un jugador con mucha personalidad, entrón, de esos que no se dejaban intimidar por los rivales y que eran capaces de dejar la vida en la cancha.
Su llegada al futbol profesional fue tan singular como muchas otras de aquellos años en los que el futbol amateur no estaba tan alejado del profesionalismo. Rafa jugaba en las liga Interclubes y la Española, famosas en aquellos años por su gran nivel competitivo. Tenía 18 años cuando un domingo fue observado por gente de la directiva atlantista en la etapa en la que Fernando González era el propietario. Una semana le bastó a Rafael para convencer al técnico en turno y fue entonces que se convirtió en jugador de Primera División de una semana a otra.
Con tan sólo 18 años debutó como el portero azulgrana y desde el primer momento demostró que era un arquero que marcaría una época dentro del futbol mexicano. Un guardameta irreverente y de grandes cualidades, fuerte físicamente y dotado de un gran liderazgo.
Valiente por naturaleza, el famoso Güama se distinguía por tener unos grandes reflejos para arrebatarles el balón de los pies a sus rivales, conocía como nadie su área, era exacto en sus salidas, y aunque de pronto esa valentía lo metió en problemas, siempre fue un portero seguro que tardó poco tiempo en ganarse el corazón de la afición atlantista.
Sus condiciones de jugador aguerrido y entregado le dieron de inmediato la etiqueta de ídolo, lo que lo llevó muy pronto a vestir la camiseta de la Selección Mexicana, un año después de su debut llegó su primera convocatoria, la primera de más de 50 que tuvo con el Tricolor, para su desgracia, México quedó fuera del Mundial de Alemania 74 y con ello se esfumaron sus posibilidades de jugar una Copa del Mundo como guardameta nacional.
El destino fue cruel con Rafa, si bien la oportunidad le llegó pronto, así de la nada su carrera terminó. Al Güama le tocó vivir una etapa muy complicada en el Atlante, años de poco brillo para la institución y donde lamentablemente no pudo coronar su estancia con un título. En 1974 dejó al equipo y se fue a jugar al América, donde sólo pudo estar dos temporadas, ya que una grave lesión en la rodilla lo obligó a retirarse cuando tan sólo tenía 27 años.
Fueron ocho años de carrera, seis como azulgrana en los cuales siempre demostró ser un portero diferente, chapado a la atlantista, siempre con el corazón por delante y capaz de darlo todo con tal de mantener su meta intacta.
Pero eso no fue todo lo que hizo el Güama con el Atlante, 15 años después de haber dejado al equipo como jugador volvió para estrenarse como técnico en la Primera División en la Temporada 1989-90. Dirigió 20 jornadas con números no muy favorables (5 victorias, 2 empates y 13 derrotas), fue cesado y en su lugar llegó Gilberto Guzmán, al final el destino estaba escrito y ese año el club descendió bajó el mando de Carlos Rodríguez. Para su suerte, dos años después pudo reivindicarse cuando salió campeón como auxiliar azulgrana en el título que logró el conjunto atlantista en la Temporada 1992-93. También dirigió a Pachuca en el 96 y a Tecos en el 2000, sin embargo, nunca tuvo como estratega los alcances que logró como futbolista, quizás por ello buscó seguir con su exitosa carrera en otro ámbito, eso sí, siempre ligado al futbol y como un referente.
Hoy Rafael Puente es uno de los periodistas más prestigiosos del futbol mexicano, inició cubriendo la Copa del Mundo de México 86 con Imevisión y desde entonces comenzó su camino como analista deportivo. Durante muchos años fue parte importante del cartel de comentaristas de TV Azteca y desde el 2007 es una de las voces más autorizadas de la cadena internacional ESPN. |